En la siguiente columna de opinión, el Dr. Juan Silva, director del Centro de Investigación en Educación y TIC de la Universidad de Santiago, revisa algunas de las ventajas para la educación a distancia en medio de la crisis sanitaria.

El actual escenario mundial producto de la pandemia nos deja a todos sin duda en un contexto de mucha incertidumbre. Pero este momento también es el ideal para enfrentar todos aquellos temores que hace no más de seis meses nos parecía una discusión más lejana. Porque si hace algún tiempo nos decían que todos los profesores estarían obligados a volverse digitales, más de alguno habría tenido dudas.

Es un hecho que el proceso educativo, tanto de alumnos como docentes, no puede esperar ni tampoco estar ajeno a la innovación apalancada por la crisis del COVID-19 y sin dudarlo será el buen uso de las herramientas digitales disponibles y también la formación intelectual bajo esta condición, lo que ayudará a reducir los actuales niveles de incertidumbre.

La formación virtual ha ido lentamente ganando espacio en la Educación Superior pero la emergencia sanitaria ha acelerado el proceso. Sin duda que los tiempos actuales son una gran oportunidad para innovar y para acercar la formación virtual a las comunidades educativas, pero es necesario hacerlo en forma apropiada.

Junto al Dr. Roberto Canales, de la Universidad de Los Lagos, estamos trabajando en un modelo de cómo enfrentar la formación virtual en tiempos de crisis, de cómo transitar de lo presencial a lo virtual, de modo de integrar las potencialidades que las tecnologías digitales nos proveen para generar entornos que promuevan aprendizajes de calidad en los estudiantes.

La implementación de la docencia en entornos virtuales mediados por la tecnología requiere para su implementación efectiva la articulación de las tecnologías digitales, recursos y actores y procesos educativos. Este modelo busca producir una articulación virtuosa de los diferentes componentes de la docencia online mediada por tecnología, de tal forma que esto permita crear entornos de aprendizaje virtuales, que favorezcan aprendizajes de calidad.

En la base del modelo se encuentra la comunidad de aprendizaje, concebida como un espacio para la construcción social de conocimiento y si es online podría generar entornos educativos superiores al curso presencial. Y como apoyo están las tecnologías digitales básicas para generar el conocimiento, la plataforma virtual a utilizar y las herramientas para acompañar el rol del profesor. También serán claves las actividades que activen la participación del estudiante y lo pongan al centro del aprendizaje, así como también la evaluación, seguimiento y retroalimentación para mejorar el desarrollo del aprendizaje.

El modelo se completa con tres aspectos básicos: el profesor, los recursos y los estudiantes, considerando la interacción entre ellos. El profesor entendido como un facilitador pedagógico y social. Los recursos digitales, su variación y disponibilidad, así como la plataforma. Todo decanta en un aprendizaje del estudiante que comienza en forma individual para luego fortalecerse en el aprendizaje en grupo con otros estudiantes. Esto permite al estudiante aprender no tan solo de los recursos y del profesor, sino también de los compañeros, en un escenario de construcción social del conocimiento.

Para que todo esto suceda, es clave reducir las brechas digitales entre profesores y alumnos. Los estudiantes utilizan mucha tecnología fuera de un aula de clases, pero cuando nos aproximamos al salón desparece un poco y pasa lo mismo con los profesores. Cuando dictan su clase no usan la tecnología, sino que lo hacen de la forma tradicional, olvidándose de la tecnología y la ventaja que representa como una forma de estar cerca y despertar la motivación de sus alumnos.

Tampoco se trata de que la tecnología sea todo, siempre será clave priorizar los objetivos, el programa y la estrategia. Y saber usar los recursos disponibles en servicio del aprendizaje: la tecnología debe ser utilizada de manera estratégica para optimizar la experiencia y el desarrollo del conocimiento.

Es un hecho que los jóvenes utilizan la tecnología para vivir más que para desarrollarse. Tenemos un mundo tecnologizado, pero no necesariamente en favor de la educación, no necesariamente en el desarrollo de la competencia digital. Entonces debemos partir por desarrollar la competencia digital de nuestros docentes, que ellos aprendan a sacar ventajas de estos recursos tecnológicos para que ellos lideren los procesos formativos de los alumnos.

Si, necesitamos que los profesores sean competentes digitalmente. Eso es básico, pero para eso también necesitamos políticas públicas con objetivo de disminuir la brecha de acceso y uso, disminuir la desigualdad. Tenemos que ser capaces de ofrecer formación en distintos formatos, pensar en que hay ciudadanos al margen del sistema y que sólo velando por todos lograremos generar reales avances.

En definitiva, estamos ante una enorme oportunidad. La pandemia nos desafía a repensar la forma en que nos educamos, la formación docente, el aprendizaje de los estudiantes. Necesitamos estar abiertos a la reflexión, colaboración y definir acciones para avanzar en este contexto de pandemia.

Dr. Juan Silva Quiroz

Director del CIIET-USACH

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